MARIELA | LA MUJER

Una de nuestras alumnas nos comparte esto:

“Ayer por la tarde estuve haciendo fila en un cajero automático, y cerca de la entrada había una muchacha en el suelo, cansada, andaba vendiendo stickers y algunas otras cosas ambulantes.
Y el Espíritu Santo me movió a hablarle y a orar por ella. Atrás de mí había una fila de gente increíble y yo dije: -Ay Dios pero hay mucha gente, me van ver y quién sabe que van a pensar- pero inmediatamente me di cuenta que esa voz no era de parte de Dios, entonces derribe todo argumento de mi mente, me agache para poder hablar con ella, le pregunté cómo se llamaba. Me dijo su nombre y en ese momento Dios comenzó a poner palabras en mi boca que ahora mismo no logro recordar con exactitud; ella me contaba que venía de lejos y que pasaba de un lugar a otro vendiendo y que también andaba con su hijo, yo le pregunté que si podía orar por ella ahí mismo, y ella me contestó que sí.
En ese instante tuve que sobreponerme a mí misma y quitar toda vergüenza, y decir bueno Espíritu Santo has lo que tengas que hacer. Oré por ella y declaré una palabra de bendición sobre ella y su hijo, ella me agradeció y pude sentir lo agradecida que estaba por haberlo hecho. Al terminar, le dejé mi número y me despedí de ella y le dije que si podía ayudarla con algo más le dejaba mi teléfono; cuando me levanté sentí una gran satisfacción de haberle permitido al Espíritu Santo hacer lo que él me estaba moviendo hacer, y que al mismo tiempo, pude vencer con todo pensamiento y argumento que me quería impedir hacer lo que Dios quería hacer.”

No nos avergoncemos del Evangelio, porque es poder de Dios.

– Mariela, Costa Rica.